El silencio en la suite del hotel boutique era tan denso que Valeria podía escuchar el zumbido de los transformadores eléctricos en las paredes.
Sentada en el borde de la cama, observó a Leo dormir, maravillada por la fragilidad de su respiración humana, tan distinta a la perfección estática del Mateo digital que acababa de sacrificar.
Pero la paz duró poco; un parpadeo rojo en la pantalla de su teléfono móvil, conectado a las cámaras térmicas que Marcos había instalado en el perímetro, le ad