El aire en la Ciudad del Silencio se ha vuelto ralo, con un sabor metálico que quema los pulmones de Sebastián.
A medida que avanzan hacia el centro, el paisaje urbano se vuelve más errático. Un rascacielos que hace un momento estaba a su izquierda desaparece en un parpadeo, dejando solo un rastro de ceniza digital en el aire.
No es destrucción física; es la realidad misma retirándose, como una marea que deja al descubierto el vacío.
Sebastián, no mires atrás, advierte Valeria mientras guía a