La sombra que se proyecta sobre Sebastián y Valeria no tiene bordes definidos.
Es una mancha de oscuridad absoluta que parece absorber la poca luz que se filtra a través de las nubes grises de la Ciudad del Silencio.
La criatura que cuelga del rascacielos no tiene huesos ni piel; es una amalgama de cables orgánicos, metal oxidado y una sustancia negra que gotea como brea, borrando la realidad allí donde toca el suelo.
Padre, cuidado, advierte la voz de Mateo vibrando en el sistema nervioso de