La oscuridad de la Habitación del Olvido solo era interrumpida por el parpadeo errático de los servidores dañados y la luz temblorosa de la linterna de Sebastián de la Cruz.
Valeria Miller, atrapada entre su identidad falsa de Elena Valente y la cruda realidad de su presencia física, sintió el frío del suelo de hormigón contra sus palmas.
Frente a ella, el hombre que la había amado hasta la locura y traicionado hasta la muerte se arrodilló, su rostro una máscara de asombro, terror y un anhelo