El sol comenzaba a filtrarse por las ventanillas del avión de carga, pero la luz que iluminaba el rostro de Valeria Miller no era natural; era el resplandor cianótico de miles de cascadas de datos que fluían por su terminal de comando.
El Protocolo Iteración Cero ya no era una amenaza lejana, era una realidad que estaba devorando la conciencia colectiva de las ciudades que sobrevolaban.
Valeria podía sentir el pulso del mundo a través de su conexión sináptica residual, un grito silencioso de