El avión de carga rugía mientras ascendía sobre las nubes del Mediterráneo, pero dentro de la cabina, el silencio era tan pesado como el plomo.
Valeria Miller observaba a Leo, cuyo cuerpo pequeño vibraba con una frecuencia que hacía que las luces del avión parpadearan en un código morse errático.
El Código Negro no era solo un virus en un servidor lejano; era una presencia que estaba utilizando el vínculo genético de su hijo para anclarse a la realidad física.
Valeria sintió un frío glacial