La luz del sol que entraba por la ventana de la cocina era demasiado brillante, demasiado perfecta.
Valeria Miller sostenía una taza de café, sintiendo el calor del sol en su nuca, pero su mente todavía estaba atrapada en el frío absoluto del Útero de la Realidad.
En este mundo, el calendario marcaba el 14 de mayo, el día en que ella y Sebastián debían presentar su prototipo de terapia génica en la Universidad de Columbia.
No había torres de obsidiana, no había naves de los Tejedores cubriendo