El estallido de luz dorada y blanca no solo borró la casa de los Miller de la faz de los suburbios, sino que rasgó el velo de la iteración actual como si fuera papel quemado.
Valeria Miller se encontró cayendo a través de un caleidoscopio de mundos fragmentados, sosteniendo la mano de una Sofía que brillaba como un sol en miniatura.
A su lado, Sebastián gritaba, pero su voz se transformaba en estática digital mientras sus facciones luchaban por no convertirse definitivamente en las del Arquitec