Kael
El fuego crepitaba en la chimenea de mis aposentos mientras observaba las llamas danzar, hipnóticas y salvajes. Como ella. Como Auren. Bebí un largo trago de vino, sintiendo el calor del alcohol extenderse por mi garganta. La noche era fría, pero el frío que me atormentaba venía de adentro.
Había pasado toda mi vida construyendo murallas. Fortalezas impenetrables alrededor de mis pensamientos, de mis sentimientos. De mi corazón. Era lo que me mantenía vivo, lo que me había convertido en el