Kael
La luz del atardecer se filtraba por las cortinas de la habitación, bañando el espacio con un resplandor dorado que parecía suspender el tiempo. Observé a Elara sentada en el borde de la cama, con la mirada perdida en algún punto indefinido del horizonte visible desde la ventana. Su perfil recortado contra la luz moribunda me recordaba a esas pinturas antiguas que colgaban en los pasillos del castillo de mi príncipe: hermosas, enigmáticas, inalcanzables.
Pero ella ya no era inalcanzable pa