Mundo ficciónIniciar sesiónElla es la hija ilegítima del Rey, criada en las sombras, entrenada para ser invisible… hasta que es llamada al castillo para casarse con un noble extranjero a cambio de una alianza. Él es el comandante de la guardia del príncipe enemigo, destinado a vigilarla. Pero en un mundo donde la política se mezcla con la seducción, el deseo puede ser el arma más peligrosa. Mientras la guerra se cierne sobre los reinos y el trono se tambalea, el poder tiene un precio. Y amar al enemigo… puede ser el más alto de todos.
Leer másKaelLa luz del amanecer se filtraba por los ventanales del balcón, bañando la habitación en tonos dorados. Contemplé a Auren dormida a mi lado, su cabello extendido como un manto de ébano sobre las almohadas. Sus pestañas proyectaban pequeñas sombras sobre sus mejillas, y su respiración, pausada y tranquila, me recordaba que esto no era un sueño.Había pasado tanto tiempo imaginando este momento que ahora, teniéndola junto a mí, sentía una extraña mezcla de paz y vértigo. Como si el universo hubiera conspirado para reunirnos después de tantas batallas, tantas pérdidas, tanto dolor.Me incorporé con cuidado para no despertarla y caminé hacia el balcón. Desde allí podía ver los jardines del palacio, ahora transformados. Ya no eran los jardines sombríos de un reino oprimido, sino el reflejo de una nueva era. Los jardineros trabajaban entre risas, los guardias conversaban relajados, y a lo lejos, en la ciudad, las banderas de la paz ondeaban junto a las del nuevo reino unificado.—¿Conte
AurenEl amanecer llegó con un resplandor diferente, como si el sol mismo supiera que algo había cambiado en nuestro mundo. Desde la ventana de la torre este, contemplaba los primeros rayos iluminando las piedras ennegrecidas por el fuego, los andamios que se alzaban como esqueletos contra el cielo y las personas que ya se movían como hormigas laboriosas entre los escombros.Tres meses habían pasado desde la batalla final. Tres meses desde que la sangre había dejado de correr y las cenizas habían comenzado a asentarse. Tres meses en los que cada día traía consigo el peso de decisiones que jamás pensé que tendría que tomar.—Auren.La voz de Kael me arrancó de mis pensamientos. Se acercó por detrás, sus pasos firmes pero silenciosos sobre la piedra, una costumbre que conservaba de sus días como comandante. Sus brazos me rodearon y su barbilla descansó sobre mi cabeza. Juntos observamos el reino que intentábamos reconstruir.—Los arquitectos han terminado los planos para el nuevo ala oe
KaelLa luz del atardecer se filtraba por las cortinas de la habitación, bañando el espacio con un resplandor dorado que parecía suspender el tiempo. Observé a Elara sentada en el borde de la cama, con la mirada perdida en algún punto indefinido del horizonte visible desde la ventana. Su perfil recortado contra la luz moribunda me recordaba a esas pinturas antiguas que colgaban en los pasillos del castillo de mi príncipe: hermosas, enigmáticas, inalcanzables.Pero ella ya no era inalcanzable para mí. No después de todo lo que habíamos vivido.Me acerqué lentamente, sintiendo cada paso como un latido. El suelo de madera crujió bajo mi peso, alertándola de mi presencia. Cuando giró su rostro hacia mí, pude ver el rastro de lágrimas secas en sus mejillas.—Pensé que dormías —murmuró, intentando componer una sonrisa que no llegó a sus ojos.—No puedo dormir cuando sé que tú estás despierta —respondí, sentándome a su lado.El silencio entre nosotros no era incómodo, sino expectante, como s
AurenLa oscuridad comenzaba a diluirse cuando abrí los ojos. Durante un instante, ese breve momento entre el sueño y la vigilia, no recordaba dónde estaba. Luego sentí el calor de otro cuerpo junto al mío, el peso de un brazo sobre mi cintura, y todo regresó a mí como una ola rompiendo contra la orilla.Kael dormía profundamente a mi lado. Su respiración, pausada y rítmica, acariciaba mi nuca con cada exhalación. Me giré con cuidado para no despertarlo y me permití contemplarlo. Sin la tensión que habitualmente endurecía sus facciones, parecía más joven, casi vulnerable. Las cicatrices que marcaban su piel contaban historias de batallas que yo apenas podía imaginar, pero ahora, en la penumbra de la habitación, no eran símbolos de guerra sino mapas de supervivencia.Deslicé mis dedos por su mejilla, apenas rozándola. ¿Cómo habíamos llegado hasta aquí? Yo, la hija bastarda del Rey, criada para ser invisible, y él, el comandante enemigo que debía vigilarme. El destino tenía un extraño s
Último capítulo