Auren
El castillo nunca dormía realmente. Incluso en las horas más oscuras, cuando las antorchas proyectaban sombras danzantes sobre los muros de piedra, había ojos vigilantes, oídos atentos y secretos que se deslizaban por los pasillos como serpientes.
Yo lo sabía mejor que nadie. Después de todo, me habían criado para moverme entre las sombras.
Aquella noche, mientras la luna llena se alzaba sobre las torres, percibí algo diferente en el aire. Una inquietud, un susurro apenas perceptible que