El olor a humo parecía haberse incrustado en los poros de su piel. Por más que Elena se frotaba con la esponja enjabonada, el aroma acre de la madera quemada y la gasolina persistía en su memoria olfativa, mezclándose con el vapor caliente del baño principal de la Hacienda Vargas.
El agua de la bañera estaba teñida de gris por el hollín que había cubierto su cuerpo. Elena dejó caer la esponja y se abrazó las rodillas, con el agua llegándole hasta el pecho. El bebé se movió en su interior, una p