Desperté con el ruido de Mateo jugando en su cuna —ya va ocho meses y es un torbellino: se arrastra por todo el apartamento, agarra todo lo que encuentra y lo mete en la boca. Adrián está a su lado, jugando con él con un juguete de colores, y los dos se ríen a carcajadas.
—Mira, mamá! —grita Adrián, cuando me ve.— Mateo está haciendo trucos.
Mateo se pone de rodillas y se balancea, como si quisiera pararse. Me levanto de un salto y me acerco a ellos.
—¿De verdad? —digo, emocionada.— ¿Va a par