Desperté con el sol en la cara y Mateo saltando en la cama —ya va un año y medio, y es un huracán: corre por todo el apartamento, canta canciones que se inventa, y le gusta decir "¡mamá!" y "¡papá!" a todo volumen. Adrián está con él, jugando a que son aviones, y los dos se ríen hasta que se les duele la barriga.
—¡Mamá! ¡Mira! ¡Yo soy un avión grande! —grita Mateo, extendiendo los brazos.
—¡Guau, mi amor! —digo, sonriendo.— Eres el mejor avión del mundo.
Adrián me coge en sus brazos y me bes