ELENA
La sala de la jefatura olía a café barato y a productos de limpieza industriales. El contraste con el lujo de la gala era tan violento que sentía náuseas. Alistair no se había movido de mi lado; su presencia era un muro de acero entre el mundo y yo, pero cuando el oficial jefe entró con el expediente de Julián, supe que las paredes estaban empezando a cerrarse.
—Señorita Soler —dijo el oficial, ignorando la mirada letal de Alistair—. El señor Julián Castro ha presentado una denuncia for