Mundo ficciónIniciar sesiónMe faltaba una semana para dar a luz cuando recibí un recibo del hotel más lujoso de la región venía acompañado de una nota; espero que usted y su pareja hayan pasado una velada inolvidable. Mi pareja desde hace 10 diez años Daniel Mendoza había regresado en ese lugar con su amante en el mismo donde habíamos compartido nuestra primera vez juntos. La primera vez que lo pille fue cuando perdimos a nuestro hijo hace 5 años justo a la noche recibí un sms anónimo anoche tuvimos sexo salvaje en el hotel de apareamiento con varias fotos y videos ,me quedé congelada y en shock las lágrimas comenzaron a caer a mares mientras veía las fotos y videos en unos de los vídeos se escuchaba su voz tan clara y llena de sentimientos eres a la única a quien amo en esta vida voy a rechazar a mi pareja y luna Reyna y te marcare a ti cerré los ojos con el corazón hecho en pedazos escuchando esa voz que conocía tan bien
Leer másELENA Seis meses después. Si alguien me hubiera dicho, mientras estaba sentada en aquel banco frío de la comisaría con el rímel corrido y el corazón roto, que terminaría así, me habría reído en su cara. Pero el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido, y Alistair Vance tiene una voluntad de hierro. Hoy, la mansión no huele a sándalo y soledad, sino a flores frescas y a la tarta de chocolate favorita de Joseph. El jardín trasero ha sido transformado en un altar de ensueño, pero sin la rigidez de las galas de la alta sociedad. Aquí solo están los que importan. Me miro al espejo una última vez. El vestido de novia es sencillo, de encaje y seda, pero en mi dedo anular brilla el diamante de la familia Vance, ahora acompañado por una alianza de oro que simboliza mucho más que un contrato. —¿Mamá? Estamos listas —dice Chloe, entrando en la habitación. Ella y Mía llevan vestidos a juego en color crema y coronas de flores. Joseph viene detrás de ellas, luciendo un mini-esmoq
ELENA La mansión Vance nunca se había sentido tan silenciosa y, a la vez, tan llena. Habían pasado tres días desde la noche en la jefatura. Julián había desaparecido del mapa —gracias a un "incentivo" legal y una advertencia muy clara de los abogados de Alistair— y Victoria se había retirado a su villa en el sur, probablemente a lamerse las heridas y planear su siguiente movimiento. Me miré en el espejo del gran vestidor. Ya no llevaba el uniforme de niñera. Llevaba un vestido de punto color crema, sencillo pero costoso, y el anillo de diamantes seguía en mi dedo. Ya no se sentía como un disfraz, se sentía como parte de mi piel. —¿Mamá? —Mía asomó la cabeza por la puerta—. ¿Es verdad que ya no tenemos que escondernos de papá Julián? Me arrodillé para estar a su altura y la tomé de los hombros. —Es verdad, mi amor. El señor Vance se ha asegurado de que estemos a salvo. Para siempre. —¿Entonces él es nuestro nuevo papá? —preguntó Chloe, apareciendo detrás de su hermana con esa lóg
ELENA La sala de la jefatura olía a café barato y a productos de limpieza industriales. El contraste con el lujo de la gala era tan violento que sentía náuseas. Alistair no se había movido de mi lado; su presencia era un muro de acero entre el mundo y yo, pero cuando el oficial jefe entró con el expediente de Julián, supe que las paredes estaban empezando a cerrarse. —Señorita Soler —dijo el oficial, ignorando la mirada letal de Alistair—. El señor Julián Castro ha presentado una denuncia formal. Dice que usted se llevó a las gemelas de su residencia legal hace seis meses sin su consentimiento. No hay registros de una denuncia previa de violencia, ni una orden de alejamiento. A los ojos de la ley, usted se las llevó ilegalmente. —¡Me las llevé porque no estaban seguras! —mi voz tembló, pero no retrocedí—. Él las dejaba solas para salir a beber, se gastaba el dinero del alquiler en apuestas... Chloe y Mía tenían miedo de su propio padre. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Esperar a qu
ELENA La mención de ese hombre hizo que el mundo se tiñera de gris. Sentí que el anillo de Alistair, que hace un momento era un símbolo de protección, se convertía en un grillete de realidad. Julián. No podía ser él. Me había asegurado de borrar mi rastro, de cambiar de ciudad, de empezar de cero para que mis hijas no tuvieran que crecer bajo la sombra de su inestabilidad. —¿Elena? —la voz de Alistair llegó desde muy lejos. Su mano en mi cintura era lo único que me impedía desplomarme—. Estás pálida. ¿Quién es ese hombre? —Es Julián —susurré, y el nombre supo a ceniza—. El padre de las gemelas. Alistair, él no puede estar aquí. Yo no las secuestré, yo solo... yo huí para salvarlas. Antes de que Alistair pudiera responder, el estruendo de la entrada principal captó la atención de todos. Un hombre con el cabello desordenado y una chaqueta de cuero gastada entró escoltado por dos oficiales. A diferencia de la elegancia de la gala, él parecía un recordatorio viviente de la vida de la
ELENA La mención de ese hombre hizo que el mundo se tiñera de gris. Sentí que el anillo de Alistair, que hace un momento era un símbolo de protección, se convertía en un grillete de realidad. Julián. No podía ser él. Me había asegurado de borrar mi rastro, de cambiar de ciudad, de empezar de cero para que mis hijas no tuvieran que crecer bajo la sombra de su inestabilidad. —¿Elena? —la voz de Alistair llegó desde muy lejos. Su mano en mi cintura era lo único que me impedía desplomarme—. Estás pálida. ¿Quién es ese hombre? —Es Julián —susurré, y el nombre supo a ceniza—. El padre de las gemelas. Alistair, él no puede estar aquí. Yo no las secuestré, yo solo... yo huí para salvarlas. Antes de que Alistair pudiera responder, el estruendo de la entrada principal captó la atención de todos. Un hombre con el cabello desordenado y una chaqueta de cuero gastada entró escoltado por dos oficiales. A diferencia de la elegancia de la gala, él parecía un recordatorio viviente de la vida de la
ELENA —¿Tu prometida? —repetí, sintiendo que el suelo volvía a desaparecer bajo mis pies—. Alistair, eso es una locura. Hace tres días me estabas amenazando con un contrato de confidencialidad y ahora quieres que lleve un anillo. —Es la única forma de neutralizar a Victoria —respondió él, caminando por el pasillo con esa seguridad que me hacía querer gritar y besarlo al mismo tiempo—. Si eres mi prometida, el incidente de la comisaría se convierte en una "travesura de una pareja apasionada" y no en la negligencia de una empleada. La prensa ama una historia de amor redentora. —No soy una actriz, Alistair. Y no sé si puedo fingir que no te tengo miedo... o que no me muero por ti frente a quinientas personas. Él se detuvo y me tomó de la barbilla, obligándome a mirarlo. —No tienes que fingir nada, Elena. Solo tienes que ser tú. Deja que ellos vean lo que yo veo: la mujer que no tiene miedo de desafiar al alcalde ni de correr hacia una tormenta por un niño que no es suyo. Me llevó a





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