ELENA
Seis meses después.
Si alguien me hubiera dicho, mientras estaba sentada en aquel banco frío de la comisaría con el rímel corrido y el corazón roto, que terminaría así, me habría reído en su cara. Pero el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido, y Alistair Vance tiene una voluntad de hierro.
Hoy, la mansión no huele a sándalo y soledad, sino a flores frescas y a la tarta de chocolate favorita de Joseph. El jardín trasero ha sido transformado en un altar de ensueño, pero s