El cielo de Nueva York, pintado en tonos grisáceos, anunciaba la llegada temprana de la noche. El viento helado se colaba entre los edificios como cuchillas, mientras las luces de la ciudad se encendían una a una, dando vida a las ventanas de los rascacielos y a los ojos distraídos de los que caminaban apresurados por las aceras.
En lo alto de un edificio sofisticado, la habitación del hotel donde Zoe se hospedaba respiraba confort y modernidad. La calefacción mantenía el ambiente cálido, en co