Celina miró y vio al camarero —el mismo de la bandeja caída— aparecer con una expresión incómoda, sosteniendo la carpeta de comandas de lujo.
—Perdona, Celina, pero… el caballero que entró en la cocina pidió que te entregara esto.
El estómago de Celina se revolvió. Tomó la carpeta con las manos temblorosas.
El camarero añadió:
—Dijo que era para “la empleada más discreta de la casa”.
Celina abrió los ojos con sorpresa, tragó saliva y abrió la carpeta. Dentro, había una servilleta doblada con un