Se quedaron allí, murmurando palabras suaves, compartiendo recuerdos y risas cómplices. Hasta que, cuando Celina ya casi se rendía al sueño, Thor la tocó con el dedo, travieso.
—Eh, nada de dormir todavía. Vamos a darnos un baño y a vestirnos. Ya sabes que, en cuanto amanezca, nuestro trío va a invadir el cuarto con el desayuno. —Rió—. Y yo no pienso renunciar a la segunda ronda bajo la ducha.
Celina gimió con fingida queja.
—Sigues siendo insaciable, Thor Miller.
Él le sostuvo el mentón, mirán