52. AMAR EN LA OTRA VIDA
ELIZABETH
Parte de la velada solo observé, y algunas cosas se sintieron ajenas, como si ya no formaran parte de mi realidad. No me sentía preparada para afrontar el baile, pero ya no me quedaba duda: era yo quien debía estar “viviendo” en ese momento.
Le pedí enérgicamente a Cielo que no me quitara el control de mi cuerpo. Al principio era yo quien lo cedía, pero recuperarlo hace un rato me exigió un esfuerzo enorme, y no estoy segura de poder hacerlo de nuevo si lo pierdo. Me he convertido en una intrusa dentro de mí misma. Mi alma se debilita; quizás por eso el sueño me vence cada vez más. Sé que llegará el día en que no despierte, y esa idea, aunque dolorosa, empieza a traerme paz.
En estos últimos dos meses he vivido más que nunca: caos, miedo, emoción… todo junto, como si mi vida se hubiera comprimido en un puñado de semanas. Y ahora, al borde de la muerte, me siento, por fin, viva.
—Por favor, deja que sea yo quien le ponga el rostro al duque y hable con Daniel. Quizás sean las