52. AMAR EN LA OTRA VIDA
ELIZABETH
Parte de la velada solo observé, y algunas cosas se sintieron ajenas, como si ya no formaran parte de mi realidad. No me sentía preparada para afrontar el baile, pero ya no me quedaba duda: era yo quien debía estar “viviendo” en ese momento.
Le pedí enérgicamente a Cielo que no me quitara el control de mi cuerpo. Al principio era yo quien lo cedía, pero recuperarlo hace un rato me exigió un esfuerzo enorme, y no estoy segura de poder hacerlo de nuevo si lo pierdo. Me he convertido en