71. LONGEVIDAD
CIELO
El aire olía a lluvia y tierra revuelta. La mansión, que durante días había hervido con los preparativos del baile, ahora parecía contener la respiración. Solo nosotros tres estábamos en aquella habitación: el duque, Lord Marcus y yo. El mismo lugar donde horas atrás Jaime había sido encerrado. Sentí sus ojos en mi nuca, ojos de hombres que habían jugado a gobernar el mundo y ahora comprendían que yo podía torcerlo con el tronar de mis dedos.
Con un movimiento de mano, el polvo se arremol