70. BASTA CON UN RUMOR
Mi primer impulso fue ir y conocer el lugar en que vivía la tal Zoraida. Era peor de lo que imaginé. Una choza casi a punto de desplomarse, rodeada de tierra reseca, sin huerta, sin flores, apenas unas gallinas famélicas que picoteaban en el polvo. Por un instante, lo confieso, sentí pena por ella.
Pero la puerta chirrió.
Me oculté tras un arbusto espinado, conteniendo la respiración. Una joven salió con un frasco pequeño entre sus manos. Caminaba con paso vacilante, como si el peso de aquel re