El tiempo se ralentizó mientras me agazapaba detrás de un contenedor oxidado. El aire olía a metal caliente y pólvora. A mi derecha, Marcus se mantenía en posición, con la respiración controlada y la mirada fija en el perímetro. Conté mentalmente: seis hombres armados bloqueaban nuestra ruta de escape. Seis contra dos. Las matemáticas no estaban a nuestro favor.
—Tres a la izquierda, cerca del hangar. Dos en el pasillo central. Uno moviéndose hacia el flanco este —susurré, sorprendiéndome a mí