El amanecer se filtraba por las rendijas de la persiana cuando abrí los ojos. Había dormido apenas tres horas, pero mi mente funcionaba con la claridad que solo otorga la adrenalina. Me incorporé lentamente, observando la habitación del hotel que ahora servía como nuestro refugio temporal. Damián dormía en el sofá, su respiración acompasada contrastaba con la tensión que emanaba incluso en sueños.
Algo no encajaba. Lo sentía en mis entrañas, esa sensación que me había salvado tantas veces duran