El sendero que la Sacerdotisa Mayor señaló a Kai no era un camino de tierra ni piedras, sino una hebra vibrante de energía que se adentraba en el corazón de Amalur. El aire se volvió denso, cargado de una antigüedad que oprimía el pecho, y los sonidos del santuario se desvanecieron, reemplazados por un silencio sepulcral. Kai sintió el peso de las expectativas, no solo de su manada y su familia, sino de su propio ser. Este no era un viaje de poder, sino de despojo.
I. El Laberinto del Olvido: L