El aire en la guarida de Marcus era espeso con una furia contenida. Los fragmentos de la visión, dispersos y caóticos, habían llegado a él como chispas eléctricas: el brillo plateado de un lobo luchando, la silueta inconfundible de Kai, y el rostro de Valeriah. Había interferido. De nuevo.
Marcus apretó los puños. Su conexión con los Devoradores de Almas era un arma de doble filo. Eran criaturas de instinto puro, irresistibles al llamado del poder naciente de Cozbi. Él sabía de su naturaleza si