Lairael se internó en la arboleda, su mente un torbellino de emociones y la imagen de Elowen durmiendo grabada a fuego en su memoria. La orden de su madre resonaba con autoridad, pero su instinto, su lobo, aullaba de frustración y un deseo irrefrenable de proteger a Cozbi. El camino de regreso al mundo licántropo, aunque conocido, se sentía ahora como una carga pesada. No había recorrido mucho trayecto cuando una figura familiar emergió de entre los árboles.
—Lairael —la voz de Orión sonó con u