En la cámara secreta de la Sacerdotisa Mayor, bajo la tenue luz de las brasas danzantes, Lairael se preparaba. El aire era denso con la esencia de hierbas secas y el zumbido de antiguos encantamientos. Kai, su padre, lo observaba con una mezcla de preocupación y una nueva comprensión. Orión, con su característica eficiencia, organizaba los ingredientes sobre un paño ritual: plumas de cuervo nocturno, la savia de un árbol centenario conocido por su memoria ancestral, pelos de la cola de un lobo