Valeriah permaneció allí, tendida sobre la fría superficie, intentando recomponer su alma y su cuerpo al mismo tiempo. Kai se apartó de ella con la misma facilidad con la que la había poseído, ajustándose su ropa con una calma insultante, mientras ella permanecía expuesta, temblando y llena de la evidencia de su pasión brutal.
—Quédate aquí —ordenó sin siquiera mirarla, con esa voz que era sentencia de vida o muerte—. No te muevas. No intentes huir. Disfruta de tu soledad y medita sobre quién e