Lairael se quedó junto al río, el eco del silencio de Elowen más potente que cualquier grito. El aroma a hierbas y el murmullo constante del agua lo envolvían, pero su mente estaba lejos, atrapada en el brillo verdoso de sus ojos y en el diminuto destello de magia que había presenciado. No había sido una ilusión. No era su imaginación de Alfa la que jugaba con él. Había sido real.
Ese sutil fulgor, esa conexión con la mariposa, era un recordatorio inquietante de que Elowen no era una humana com