Perspectiva de Valeriah:
—¿Y ahora qué...? —balbuceé, perdida entre el miedo y el deseo, incapaz de encontrar una respuesta que salvara mi dignidad.
—¿Qué es lo que quieres, mi pequeña rebelde? —espetó él, y sentí el impacto ardiente de su mano contra mi carne una vez más, mientras sus dedos se entrelazaban con fuerza en mi cabello, obligándome a mantener la cabeza alta. La verdad era dolorosamente clara: en ese instante, le habría permitido hacer conmigo cualquier cosa que su voluntad dictara