En el Castillo Dorado, la noche había caído con una pesadez inusual. La sala del trono, habitualmente llena de la energía vital de Kai y Valeriah, ahora parecía opacada por la creciente sombra de la amenaza. Tras la reunión con los Alfas, la pareja se había retirado a sus aposentos privados. No había tiempo para el descanso. Los informes llegaban sin cesar, cada uno más alarmante que el anterior.
—Un nuevo ataque en las afueras de la Manada del Río Esmeralda —Valeriah leía un pergamino con el c