La gran sala del consejo, tallada en piedra viva y sostenida por columnas de cristal negro que reflejaban la luz de mil antorchas, estaba repleta de líderes, ancianos y guerreros de las cuatro grandes manadas. En el trono más alto, esculpido directamente en una roca de obsidiana pura que parecía absorber la luz del entorno, se sentaba Kai. Ya no era simplemente el Alfa de los Colmillos Oscuros; tras su victoria en el duelo final, había sido investido como Regente Supremo, con el mandato solemne