Mundo ficciónIniciar sesión“Secretos de Sangre y Herencia Alfa: La Reunión Prohibida”
Cuando entramos en la residencia, el ambiente estaba cargado de solemnidad. La familia ya había comenzado a comer, pero mis ojos no podían apartarse de ellos. Quizás así entendería por qué mi padre los prefería. La mujer, alta, esbelta y de belleza delicada, parecía frágil, como si pudiera romperse con un suspiro. La niña a su lado era casi idéntica: cabello negro, ojos grises y piel moreno claro que irradiaba inocencia. Observé que casi todos compartían ese tono de piel, como un sello de linaje.
El chico, sin embargo, ni siquiera nos miraba. Su atención estaba fija en el celular, y su destreza con él me sorprendió. Su cabello castaño nos recordaba a mi padre y a mí, y físicamente nos parecíamos mucho: altos, atléticos y de presencia imponente. Aunque yo era mayor, él estaba a mi altura, y me desconcertaba su tranquilidad frente a la situación. ¿Acaso ignoraba el peso de nuestra llegada o era simplemente confiado?
Mientras tanto, un nudo de incomodidad crecía en mi pecho. ¿Por qué esta familia, perfecta a los ojos de todos, no era suficiente para mi padre? Antes de que pudiera pensar demasiado, la Luna se levantó y se acercó a mi madre con pasos firmes.
—Hola, soy Camila, la actual Luna de esta manada. Es un placer conocerte. Francamente, nunca pensé que llegaría este día. Mi más sentido pésame —extendió su mano, y mi madre, un poco desconcertada, la tomó.
—Gracias… sí, es una noticia muy trágica —respondió mamá, con la voz temblorosa, sabiendo que nada de esto estaba preparado para ella.
Camila me miró a mí y extendió la mano también:
—Tú debes ser Vastyr, ¿verdad? No tenía conocimiento de tu existencia, así que me sorprende tanto como a tu madre —dijo, y luego señaló hacia las sillas—. Por favor, siéntense.
Al tomar asiento, mis ojos recorrieron la mesa. La cantidad de comida era suficiente para veinte personas. Sin poder evitarlo, pregunté:
—¿Esperamos a alguien más?
—No, solo seremos nosotros en esta ocasión. Como mencioné antes, nadie sabía de tu existencia, salvo la beta Rod.—¿Podríamos saber por qué es esto? —preguntó la luna, mientras la niña a nuestro lado parecía contener la respiración. Mamá dudó, pero respondió:
—Al ser humana, no sabíamos si sería como ustedes. Además, después de cómo me trataron… ¿por qué confiarles a mi hijo?
—Ahora lo entiendo. Pero como debes saber, mi esposo, el alfa Kalid, se casa conmigo porque soy hija de un alfa. Mi compañero falleció, y tal vez no lo sepas, pero no todos tienen o quieren una segunda oportunidad con otra pareja. Siempre supe que a quien amaba era a ti y nunca le hubiera hecho daño a tu cachorro. La sangre alfa no debe desperdiciarse, y mucho menos entre humanos —dijo, mientras hacía entrar a una sirvienta para sacar a la niña. Pero esta corrió hacia mí—.
—¿Tú eres mi hermano? —preguntó.
Mi corazón se detuvo. No podía hablar; la intensidad de su mirada me paralizó. ¿Y si me gritaba? ¿Si intentaba pegarme? Aunque pudiera levantar 200 kilos, no podía lastimar a una niña. Me sentí ridículo, vulnerable.—Entonces te buscaré más tarde para caminar juntos. Ahora no quiero jugar; estoy muy triste, pero sé que tú también te sientes así. Por eso quiero que nos acompañemos —dijo, tomando mi mano por un instante y se retiro.
Por un segundo, sentí calor en el pecho. No sabía si era afecto, alivio o simple humanidad en medio de tanta tensión.
—Volviendo al tema, es muy importante que nos digas si aún eres virgen o con cuántas señoritas has estado —preguntó Camila.
—¡Ustedes no tienen derecho sobre eso! —exclamó mi madre, levantándose de inmediato. —No te molestes —respondió Camila con calma—. La sangre alfa no puede mezclarse con humanos; son leyes importantes. Contigo fue diferente, pues eras su pareja, y aun así decidió mantenerlo en secreto hasta su muerte.—No he estado con ninguna chica —respondí con firmeza, asegurándome de que mi madre pudiera sentarse de nuevo.
—Bien, por ahora creeré en tu palabra —dijo Camila, asintiendo. Aunque me sentí avergonzado, comprendí la razón de su pregunta: el rey alfa castigaría cualquier incumplimiento.
—Mira, querida Lina, no estoy en tu contra. Si deseas, puedes tomar el lugar de Luna de esta manada, que siempre ha sido tuyo —dijo. Mamá la miró con sorpresa, incapaz de responder al instante. Tras un largo silencio, dijo:
—No creo que eso me convenga. Solo estaremos para el funeral y nos iremos.
—Señora Lina, no me malinterprete. Mi propuesta es sincera y pura; tiene todo el tiempo que quiera para decidir. Su hijo sería conveniente para la manada que se quedara hasta que cumpla 18 años, para asegurarnos de que lleve sangre alfa o solo humana. Sé que cumplirá 17 y que será un año complicado para ustedes, pero para nosotros es muy importante —finalizó Camila.
Mamá se levantó y dio un paso hacia la salida. Noté que mi “hermano” Ryan no apartaba los ojos del celular, salvo para comer, y eso me molestó. Como sobraba comida, tomé dos panes y los rellené con carne.
—No podemos quedarnos más tiempo, pero gracias —dijo mamá.
—Por lo menos piénsalo, por favor —respondió Camila.Guardé los panes en la bolsa de mi chamarra, esperando que no se aplastaran. Mientras caminábamos, sentí que algo en mi interior empezaba a cambiar: el mundo que conocía estaba a punto de desmoronarse, y yo debía prepararme para todo lo que vendría.







