En mi sueño la escuché otra vez.
Esa voz de mujer apagada, rota, como si proviniera de un lugar que no pertenecía del todo a este mundo. No venía de delante ni de atrás, sino de todas partes a la vez. De la tierra. Del aire. De algo antiguo.
Intenté seguirla.
Usarla como guía.
—Recuerda… —decía.
La palabra se repetía, insistente, clavándose en mi mente como una súplica y una orden al mismo tiempo.
Comencé a caminar hacia ella sin saber a dónde íbamos. Mis pies se movían solos, atravesando una o