Cuando entré en la enfermería, bajé la cabeza y contuve la respiración. Antes de que pudiera avanzar, escuché a dos esclavos hablando en voz baja cerca del fondo del pasillo.
—Dicen que el anciano Lorcan mandó traer a una bruja —susurró uno—. Para ayudar al joven.
—Sí… pero ni siquiera ella puede salvarlo —respondió el otro—. Solo logra contener el veneno. Sigue ahí, corriendo por su cuerpo. No hay nada que pueda curarlo.
No pude seguir escuchando.
Cada palabra era un golpe seco en el pecho.
Me