No sabía a dónde ir.
Caminé sin rumbo, o eso creí, porque sin darme cuenta mis pasos me llevaron justo al lugar que menos quería: la casa de mis anfitriones. No entendí por qué lo hice hasta que me detuve frente a la puerta. Supongo que el cuerpo recuerda lo que la mente intenta borrar. La memoria muscular es un animal testarudo, obedece incluso cuando una ya no quiere
Entonces lo recordé.
Los papeles.
Los había escondido. Seguían a salvo… por ahora.
No los saqué. No me atreví. Solo miré en la