El Gran Alfa ajustó su agarre en la espada, sintiendo el peso del arma en sus manos. Observó a Juan, quien también se preparaba, afilando su espada con movimientos precisos y meticulosos. A lo lejos, la reina Alisen observaba con una sonrisa fría y calculadora.
Mientras tanto, en las sombras de la multitud, un hombre encapuchado susurraba instrucciones a un grupo de rebeldes. La tensión en el aire era palpable, y el Gran Alfa sentía cada músculo de su cuerpo tenso, listo para el combate.
Juan l