El Gran Alfa
Las mazmorras eran oscuras y húmedas, impregnadas de un olor a tierra y desesperación. El Gran Alfa apenas podía distinguir las sombras de los guardias que lo escoltaban hacia su destino.
—Les ofrezco lo que quieran por dejarme ir—. El gran alfa entreabría los ojos intentando vislumbrar los corredores que pasaban de la oscuridad total de las prisiones hasta por donde iban cruzando rumbo al patíbulo, y el jefe de ellos fue el único que respondió algo: —Me gustaría tener la cura para