ALBERTO
—Ya no puedo más, por favor, recupérate rápido —Ligia temblaba por el dolor que le causaba el gran esfuerzo de arrastrar a Alberto por la selva, y se animaba pensando que sus corazones latían al unísono. Detrás de ellos, podían escuchar los gritos de los mueludos que los cazaban para vengarse.
—Tenemos que movernos rápido —dijo Alberto, con la voz entrecortada, retomando la conciencia. No nos darán mucho tiempo antes de que nos encuentren.
Ligia asintió, su respiración también agitada.