7; AHORA SI, LA PERDÍ

MARIANA

“Utiliza el último lobo” Alberto recordó la técnica más fuerte que le había enseñado su padre como último recurso, pero al parecer ya era tarde para usarla, su corazón estaba a punto de detenerse, solo se le escapó un débil aullido. Ya no pudo tener los ojos abiertos, aparte de que su vista se nublaba porque le había chispeado sangre, la sensación de bienestar al cerrarlos lo conquistaba, parecía imposible aguantarse, aunque debía aferrarse a la vida por salvar a su amada, aunque ni siquiera lograba olerla.

— ¡Devorémoslos! —el Chamán ordenó, aunque unas siluetas en el horizonte le hicieron añadir—, llegaron más chandosos, demos prisa.

En efecto, tres siluetas de lobos observaban el escalofriante espectáculo.

—Sheila, no podemos dejar que los maten. —mencionó uno de ellos, con los músculos contraídos, preparado para avanzar corriendo, pero ella, con una voz inexpresiva, le contestó: —no. Es lo mejor que nos puede suceder.

El que faltaba por contestar, que, si parecía angustiado, dio un pequeño chillido: — ¿Pero qué le reportaremos al Alfa?

El viento sopló llevándoles el aroma a tragedia y la loba se quedó inmóvil, para después de una pausa solo susurrar: —Sin mi hermano, soy heredera del clan. Será un sacrificio por la manada. De todas maneras, ustedes saben que yo soy mejor que mi hermano. Él es muy sentimental, le falta la sangre fría que me sobra.

Uno de ellos metió su hocico debajo de una axila, para no oler ese caos, reflexionando en que no era justo dejar que los enemigos acabaran con uno de ellos, pero sabía que no podía revelarse a la feroz hija del jefe. De seguro acabarían muertos, y ella sería capaz de retorcer sus acusaciones, además de la promesa de tener un buen lugar en la organización cuando ella asumiera el mando.

Los otros divisaban cómo los jaguares atacaban sin piedad al heredero, el cual trataba de buscar a su amada, mientras recibía arañazos y mordidas, aferrándose a este mundo para poder salvarla.

—Esto se está tardando, este perro tiene el cuero muy duro, —el Chamán se impacientaba por las siluetas del horizonte. —Sur, decapítalo con tu famoso golpe con el que derribas los árboles.

Sur, así, se llamaba uno de esos jaguares, que se diferenciaba en ser más flaco que los demás, aunque se destacaba por un golpe con el que incluso había logrado partir enormes rocas, como si fueran queso. Se retiró unos metros para coger impulso y salto, estirando su garra izquierda, elevándola, pareciendo como si estuviera despegando fuera de su cuerpo. Fijando los ojos en el cuello del lobo, a manera de una catapulta medieval, lanzó su potente zarpazo, imaginando que sería felicitado por su jefe, de seguro le daría días libres, dinero y algunas hembras. “Siempre es bueno mostrar la fortaleza” pensó al accionar su famoso golpe con el que les ganó a los mejores leñadores a derribar árboles sin necesidad de hacha o sierra.

Las brillantes garras dibujaron cuatro estelas como medias lunas a medida que se aproximaban a su blanco, amenazando con partir la tierra misma. Y en un instante el paisaje del amanecer de nuevo se tiñó de rojo, y una cabeza salió volando por los aires.

— ¡Es increíble! —exclamaron los jaguares. Al contemplar la escena, el cuerpo decapitado de Sur cayó sin vida, como un bulto de cemento.

— ¡GR! — Ese rugido también partió el aire, sacando del asombro a todos los espectadores.

—Gran Chamán, es increíble esa mujer que se transformó en una de nosotros y acabó con Sur, debe ser una bruja. —comentó uno de esos asustados jaguares.

—No lo creo, padre, yo la mordí y noté en su sabor algo conocido. Es uno de los nuestros.

—Es imposible, hace siglos, que no nazca una mujer cambiante, no puede ser y menos una extraña a la tribu, debe haber otra explicación. —El Chamán no salía del asombro.

El enorme jaguar se interpuso entre ellos y el agonizante lobo que respiraba con dificultad. Su pelo brillaba con el sol y bailaba con el viento, a la vez que les enseñaba sus colmillos.

—jefe, eso quiere decir que al fin se podrán engendrar guerreros puros, los guerreros legendarios, como usted. —un comentario dicho por otro, pero que le rondaba la cabeza del chamán, pero que no quiso mencionar porque lo colocaba en aprietos.

—Es mejor que la llevemos para hacerle pruebas. Puede ser algún truco, háganlo, obedezcan y mejor nos marchamos. No me dan buena espina esos observadores del horizonte; puede ser que estemos siendo rodeados —el chamán ordenó, con la boca temblorosa y limpiándose el sudor.

Los jaguares se abalanzaron sobre la hembra, quien los repelió con sus garras y dientes, haciéndolos considerar el fracaso de su misión y les rugía.

—Ni siquiera piensen que me dejaré de ustedes, lárguense o los destruiré, además de que el sol los quemará.

El chamán jaguar se le acercó riendo, le conversó como un amigo.

—Tranquila, señorita, debes estar peor de confundida que nosotros, pero no somos vampiros, el sol no nos afecta, lo que sí es hecho de que puedan pasar personas que hagan escándalos y avisen a las autoridades o a los medios informativos. Mejor te propongo que nos acompañes por la buena, te prometemos que dejaremos al lobo en paz, nos marcharemos todos.

Ella se lanzó con sus garras extendidas, pero el chamán le cogió las patas delanteras, se tumbó hacia atrás rodando sobre su propio lomo, clavándole las patas traseras en el vientre para proyectarla a otro rumbo, a la vez que le hablaba.

—Tranquila señorita, considere el punto de que usted se acaba de transformar y aún no controla ese cuerpo, no hay forma de que me gane, yo soy uno de los guerreros con más experiencia en batalla, hace muchos siglos que no pierdo una batalla.

—Es mentira, Alejandro me contó que casi acaba contigo, —contestó Mariana mientras se retraía para volver a atacar.

El chamán se preparó para esquivar los ataques, y quiso reivindicarse:

—Recuerdo bien, ese día, todo marchaba de acuerdo al plan, mi objetivo era conducirlo a un humedal cercano, donde lo capturaríamos vivo para pedir un jugoso rescate por sus pedazos. No me explicó la razón por la cual dejé de seguirme. La operación fue un fracaso, nos quedamos esperando a que llegue al lugar de la emboscada.

Ella se impulsó saltando, atacando con sus enormes garras que brillaban como espadas de acero, amenazando: — Ese día nos enamoramos. Lárguense, no dejaré que le hagan más daño.

El Chamán tomó aire expandiendo su pecho y se preparó para repeler el ataque sin querer infligirle daño, al tiempo que quiso que comprendiera su predicamento y le añadió: —Señorita, si quiere, la dejamos aquí, pero cuando lleguen los lobos, ellos supondrán que usted fue la que asesinó a uno de los suyos. Su naturaleza agresiva no los deja escuchar explicaciones o esperar a recoger pruebas para un juicio; ya sabes cuál será su veredicto. Esos animales no razonan, mientras si se va con nosotros le prometo que encontraremos una explicación a su transformación.

Mariana comprendió estas razones y, sin dejar de atacar lanzando mordiscos y zarpazos, le propuso al jefe: —Yo los acompaño si me juran que lo dejaran en paz.

El cacique esquivaba los ataques con poco esfuerzo, le contestó con un tono suave que contrastaba con la voz fatigada de ella: —Por supuesto, de todas formas, ese perro ya tiene tres patas del otro lado.

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