CAPÍTULO 62: LO QUE UNA MADRE CALLA
Elena
Cierro la puerta y me quedo un segundo con la frente apoyada en la madera. La cadena todavía vibra. Respiro hondo, dos veces, como si pudiera ordenar el corazón a base de aire. El mareo vuelve en un flash —ese mismo vacío de hace un rato, esa sombra que me dejó sin piernas—, pero lo empujo hacia atrás. No puede pasar aquí, delante de mis hijos.
Me compongo la cara con las manos, me froto las mejillas hasta que se calientan y regreso a la sala. Los melli