Parte I – Sonya
Las luces me comen los ojos. No sé si es la calle o el llanto, pero no veo bien.
Aprieto el volante con tanta fuerza que me duelen los nudillos. Sigo manejando, sigo avanzando. No puedo parar, no voy a parar, y mucho menos voy a dejar que me encierren como a una criminal cuando todo lo que hice fue por mi hijo.
Eso me repito una y otra vez aunque ya nadie me crea. El parabrisas está lleno de gotas, la lluvia golpea como si quisiera atravesarlo, es de noche y las luces rojas de o