CAPÍTULO 106: LA CAÍDA DE LA REINA
Jacob
Todavía tengo el pulso acelerado. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que Elena se lanzó a mis brazos, pero juro que nunca en mi vida había sentido algo tan real. Ella y yo, después de tanto dolor, por fin respiramos el mismo aire sin miedo.
No hay ceremonia, ni testigos, ni música, solo nosotros, pero, de pronto, las puertas del registro se abren de golpe y escucho las voces que más extrañaba en el mundo.
—¡Mami! —grita Nico, corriendo hacia nosotros.
E