Capítulo 27
El sábado amaneció con un sol tímido que se filtraba entre las cortinas de la habitación de Magnus. El hombre, como de costumbre, ya estaba en pie mucho antes de que el reloj diera las nueve de la mañana. Llevaba puesto uno de sus habituales trajes oscuros, con la camisa blanca perfectamente abotonada y el nudo de la corbata ajustada como si el fin de semana fuese un día más de conquistas laborales.
La puerta de la habitación se abrió de golpe y María, su madre, entró sin siquiera