Capítulo 60
El aire tenía ese perfume a magia que solo existe en días destinados a cambiar vidas para un futuro mejor. Afuera en la mansión William, la tarde brillaba con un sol dócil, como si el cielo mismo quisiera bendecir la unión de Roma y Magnus para toda la vida.
Roma avanzaba entre los arreglos florales con una bella sonrisa, mientras las puertas se abrían lentamente para ella revelando el pasillo que la llevaba hacia él. El murmullo de los invitados se apagó y las respiraciones se detuvieron al verla. Hasta las flores parecieron inclinarse ante tanta belleza de la mujer que brillaba más que el sol.
Roma estaba… divina. El vestido blanco abrazaba su figura con gracia, resaltando la curva ligera de su vientre de cinco meses y sus ojos, esos hablaba más que cualquier palabra. Estos resaltaban no solo por el maquillaje perfecto, sino por la certeza de estar caminando hacia el amor de su vida. Además, su cabello caía en ondas suaves cuando él se una diosa y en su cuello descansab