Epílogo
Había pasado cuatro años desde la boda de Magnus y Roma. Cuarto año en que Roma descubría cada día un castillo construido con risas, besos furtivos, noches peligrosamente apasionadas y días llenos de ternura al lado de la familia que había construido. Su vientre, ahora enorme y glorioso por tercera vez, se movía bajo la tela suave de su vestido mientras caminaba por la casa. En ese momento sintió a sus dos pequeñas guerreras las cuales crecían dentro de ella, reclamando su lugar en el