Capítulo 57
Los días pasaban con una normalidad casi artificial, como si la familia William estuviera esforzándose por seguir respirando sin permitir que el fantasma de Gregorio volviera a tomar forma en la vida de Roma. Ella vivía sus días, reía, salía de citas con Magnus y hacían el amor cuando los niños dormían. Luego se regalaban ese tipo de caricias que solo existen cuando dos personas se eligen cada día y todos estaban felices por ellos. Sin embargo, toda esa normalidad estaba disimulada detrás de un sin fin de número de seguridad para prevenir cualquier insistente.
Esa noche en especial, Magnus había decidido regalarle algo más que una cena romántica a su querida Roma. El restaurante al que la había llevado era precioso: con luces cálidas, música suave y una mesa que él mismo reservó con semanas de anticipación. Roma estaba radiante como siempre, envuelta en un vestido negro que hacía que Magnus no pudiera dejar de mirarla ni por un segundo.
— Estás peligrosa esta noche — murm